Nuestra historia
Todo comienza en 2021, en el preciso instante en el que el mundo reaprendía a respirar. Tras meses de pausa, cargados de incertidumbre, dos estudiantes se encontraban ante un nuevo capítulo de sus vidas. María, originaria de Andorra. Maxime, nacido en Lyon. Dos vidas paralelas, sin saber aún que estaban a punto de cruzarse.
Maxime volvía de Inglaterra, tras un semestre en York, con la intención de estudiar un máster en finanzas. María, por su parte, terminaba su grado en Madrid y soñaba con especializarse en Big Data.
Entonces Dios intervino. Tenía un plan, un plan invisible, delicado, preciso.
Los condujo a ambos al mismo lugar: IESEG Business School, en Lille, una ciudad que lo cambiaría todo.
Comenzó el año universitario y cada uno se sumergió en sus estudios. Para celebrar este nuevo inicio, se organizó un festival de bienvenida. María y Maxime, de los que no se pierden ninguna, compraron sus entradas sin dudarlo.
Pero, una vez más, Dios tenía un plan.
El vendedor de entradas resultó ser una estafador. Aquella noche se encontraron decepcionados, sin entrada, perdidos entre otros estudiantes engañados como ellos. María fue a tomar algo con sus compañeros. Alguien propuso invitar a otro grupo… el de Maxime. Y fue allí, casi por casualidad, donde sus miradas se cruzaron por primera vez.
Al principio, María lo encontró un poco chulito y a Maxime, por su parte, le pareció un torbellino. Apenas se cruzaron durante la velada, sin llegar realmente a hablar. Pero, al terminar la noche, se hizo la magia: el grupo decidió acompañar a las jóvenes por la ciudad para llevarlas de vuelta a casa, asegurándose de que llegaran sanas y salvas.
Eran las cuatro de la madrugada.
En ese paseo silencioso, con la ciudad dormida como testigo, María y Maxime comenzaron a hablar de verdad. No de palabras superficiales, sino de las auténticas, las que dejan ver, las que acercan. El tiempo pareció ralentizarse. La conversación fluyó con naturalidad. Nada más existía a su alrededor, nadie los interrumpió; ese momento les pertenecía, como si siempre hubiera estado escrito.
Al día siguiente, se añadieron en las redes sociales.
Y desde entonces, no dejaron de hablar.
Las copas en terraza se hicieron cada vez más frecuentes.
Los picnics bajo las estrellas se multiplicaron.
Las citas se volvieron algo habitual.
Y poco a poco, sin siquiera darse cuenta, dejaron de ser simplemente amigos.
Se enamoraron.
Pero llegó el fin del máster. Cada uno debía volver a casa. La distancia se alzaba ante ellos como una prueba. La separación daba miedo.
Pero, una vez más, Dios tenía un plan.
Ambos encontraron prácticas en París.
Sin haberlo planeado, se instalaron allí.
París se convirtió en su refugio, su terreno de juego, su hogar.
Desde entonces, han recorrido todo París, viajado por el mundo juntos, aprendido el idioma del otro, reunido a sus familias.
Y, sobre todo, han crecido juntos. Amándose un poco más cada día.
Hoy saben que nada fue casualidad.
Fue el momento correcto.
Fue Él.
Y esta historia no ha hecho más que empezar.
















“Sólo se ve bien con el corazón; lo esencial es invisible a los ojos."
― Antoine de Saint-Exupéry, Le Petit Prince